Bajo el sugerente título de Ciclo de Cámara de los Nuevos Tiempos, un grupo de jóvenes músicos marplatenses comenzó a presentarse en vivo con la idea de difundir obras de distintos compositores y acercar, en la medida de lo posible, el lenguaje de la música clásica a otros ámbitos y públicos.
Con un itinerario que incluye, hasta ahora, al Centro Cultural Victoria Ocampo y la tienda de instrumentos musicales Daiam (!), este proyecto adaptó obras de Shostakovich, Debussy y Mozart, por ejemplo, a diferentes formatos de cámara. La dinámica del grupo se ajusta a las circunstancias y no es difícil imaginarse, llegado el caso, a la pequeña orquesta reinterpretando dichas partituras como una orquesta sinfónica.
Antes de dar un nuevo concierto en Villa Victoria como dúo, charlamos con el pianista Joaquín Deoseffe y el violinista Julián Mellado, partícipes de la propuesta, sobre esta saludable iniciativa que nos invita a pensar en algunas cuestiones que giran en torno a la música clásica, su historia y su mitología. Pasen y lean.
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—El consumo de música clásica parece reservado, al menos históricamente, a un contexto sociocultural específico. ¿Qué los movilizó a poner en tensión esta premisa, a difundir esta música por fuera de su ámbito tradicional?
Joaquín: —En principio tocamos música clásica porque es lo que nos moviliza y en algún punto nos conmueve… No sé si Charly García se enfoca en ver si su música es linda o fea o le agrada al público o no, es por una cuestión de gustos más que nada que tomamos esta iniciativa.
Julián: —Ojo, uno de los objetivos del artista es intentar llevar su arte hacia el público y causarle algún tipo de sensibilidad. Creo que hay muchísima gente que más que desinterés por la música clásica tiene falta de oportunidades para escucharla en la radio, para ir a un concierto o, directamente, no la tiene presente en su cabeza. Esta iniciativa también surge desde esa forma de relacionarse con ella.
—¿Por qué creen que se da esta situación, donde la clase alta o los círculos académicos son quienes consumen mayormente esta música?
Julián: —La música, como todo arte, refleja un poco el contexto sociocultural en el que se encuentra. Desigualdades han existido desde siglos. En las épocas del barroco, por ejemplo, ya existían danzas para la clase alta, danzas para la clase media, danzas para la clase baja. Y el mundo, con el pasar del tiempo, se ha hecho cada vez más desigual, de eso no hay duda. La música clásica generalmente se ha divulgado en un ambiente con una filosofía infamemente elitista. Siempre fue tomada como un elemento cultural de consumo, pero de gente que puede acceder a ir a un concierto, a comprarse un piano, etcétera. Por eso habitualmente queda reservada a un grupo muy selecto de personas.
Joaquín: —Como bien dijo Julián, hay una cuestión histórica y estética de fondo muy clara. La música clásica era consumida dentro de la clase alta y sigue siendo así actualmente. De hecho, una entrada al Teatro Colón es carísima, sale $ 7000 mínimo. Creo que hay un interés por seguir impulsando esta privatización, por decirlo de alguna manera. De todas formas, hoy en día existe Internet, lo que te permite acceder a un video de Marta Argerich o cualquier músico importante.
—¿Cómo eligen el repertorio a interpretar? ¿Qué tipo de recorrido hacen para acercar lo clásico a lo contemporáneo?
Julián: —Hay muchos aspectos que tenemos en cuenta. Tratamos de trazar algún tipo de recorrido cronológico señalando las distintas vertientes de la música clásica que han existido, el barroco, el clasicismo, el romanticismo, pero de manera cosmopolita. No es lo mismo el barroco inglés que el barroco francés. No es lo mismo el romanticismo español que el romanticismo estadounidense. Intentamos mostrar esas diferencias. Desde ahí es natural derivar en el siglo XX en lo que fue el modernismo, en los compositores contemporáneos.
También intentamos incorporar obras de grandes compositores argentinos, Ginastera, Piazzolla, etcétera. Naturalmente, además, elegimos un repertorio que contemple la participación equitativa de cada uno de los intérpretes.
—¿Creen que estamos transitando nuevos tiempos y el contexto actual nos obliga a replantearnos nuestro lugar en el universo? ¿Qué espacio ocupa el arte y, puntualmente, la música en este presente pandémico?
Joaquín: —Estamos transitando nuevos tiempos, pero no creo que la pandemia haya generado un contexto para promover el arte. Quizás un cambio interesante sería replantearse qué rol cumplen los diferentes actores sociales y dónde está incluido el músico. Si pasó que las redes sociales, al permitir acceder a una mayor cantidad de propuestas, ampliaron el consumo. Pero desde el Estado, por ejemplo, no veo que se hayan tomado políticas culturales específicas, ni tampoco desde organismos privados.
Julián: —También tenemos que remontarnos a la última vez que el mundo pasó por una situación semejante. Esto nos lleva a la década del diez, 1917, 1918, la Gripe Española. Y uno se encuentra con casos como el de Stravinski, Ivanovzky, que utilizaron la pandemia como el contexto sobre el cual trazar algunas de sus obras más célebres. Stravinski escribe, por ejemplo, “Historia de un soldado”, que transcurre en un mundo de enfermedad y de guerra. Es decir, estas son obras que están escritas a pesar del contexto en el que vivían los compositores, no como una respuesta. Entonces creo que no aplica tanto, en principio.
Sí creo que la pandemia ha acrecentado y visibilizado más las cosas negativas de la sociedad, las desigualdades, las xenofobias. El trabajo del artista va a ser, a futuro y cuando haya que contar esta historia, reflejar estas desigualdades, estas cosas que ya sabíamos que estaban mal en el mundo, pero ahora son más evidentes. Crear arte desde lo negativo va a ser un desafío que hay que tomar. Por otro lado, la virtualidad ha permitido una mayor deriva cultural. Hay una apertura a ver que tienen otras culturas para ofrecernos, a ver como conectar la música con otras disciplinas. Me parece que la música del mañana va a reflejarlo, va a ser más unida en términos de diversidades, por más paradójico que pueda sonar esto.
—¿Cómo trabajan los ensambles que van surgiendo?
Joaquín: —La última vez que tocamos hicimos un trío de cámara, y antes armamos un cuarteto. Ahora somos dos y obviamente todo es más fácil. Cuando más músicos se agregan todo es más complejo. Igualmente, siempre debatimos ideas en torno a esto, lo vamos hablando para consensuar lo que vamos haciendo.
Julián: —Remarco lo dicho por Joaquín. En la música de cámara sacar o agregar un instrumento cambia totalmente el marco teórico. A veces desde afuera parece lo contrario, pero es totalmente distinto o radicalmente distinto trabajar una obra según esos parámetros.
—¿Piensan grabar algún tipo de material con este proyecto?
Joaquín: —Quizás en algún momento, lo que pasa es que el costo del estudio es alto y no es nuestro objetivo ahora. Preferimos dedicarnos más a los conciertos. Aparte las grabaciones caseras también triunfan. Hasta ahora las hemos utilizado y han funcionado en nuestros objetivos.
—Retomando el leitmotiv de este ciclo, además del problema de la difusión de la música clásica debemos sumar cierta reticencia al momento de escuchar estas sonoridades. ¿Qué tipos de prejuicios debemos tirar por la borda para disfrutar de las obras de Mozart, Beethoven o Bach, por ejemplo, y no naufragar en el intento?
Julián: —Creo que en gran medida es un tipo de música a la cual hay que prestarle atención y concentrarse cuando uno la escucha. Prejuicios, sí, hay mucha gente que piensa que para poder disfrutarla hay que entenderla.
Joaquín: —Hay una diferencia entre disfrutar una obra y entenderla o consumirla con el ojo puesto en la música. Entonces tenemos la mirada de un músico y la de un espectador X. A veces uno quiere que el público vea a la música como uno la ve y no sucede esto. Primero porque el arte es subjetivo, híper-subjetivo. Además, se necesitan otros elementos para descifrar completamente una obra. Entonces pienso en Benjamín Zander, un director de orquesta, cuando habla de atrapar al espectador. ¿Cómo se logra? Con las frases claras, mostrando cuando cierra una idea y comienza otra, dejando en claro a donde se está yendo. Él habla de las caras de sorpresa, de satisfacción cuando el público es atrapado de esta manera.
Julián: —Claro, si uno busca el marco teórico va a poder ver más cosas, pero eso no hace al disfrute de la música clásica. Otro mito bastante común es pensarla como algo homogéneo, y a eso iba con lo que dije antes de concentrarse y prestar atención a lo que va pasando, seguir a los instrumentos… ahí uno se da cuenta que adentro de una composición pasan un montón de cosas. En resumen, no es una música para la que hay que estar instruido profundamente si uno va a ver un espectáculo, pero sí hay que aportar cierta concentración al momento de escucharla.
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Ciclo de Cámara de los Nuevos Tiempos: sábado 7 de agosto a las 19 horas en el Centro Cultural Victoria Ocampo, Matheu 1851. Contacto: 2235898542.

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